Hace 35 años



Ya había comentado de mi afición casi fanática a todo lo que tiene que ver con la voz. Y justo en estos días se conmemoró algo que para los Ucevistas es una cita prácticamente ineludible: Otro año más de la reaparición del Orfeón Universitario luego que, por un accidente aéreo en una gira, desaparecieran prácticamente todos sus integrantes, incluyendo su Director, el destacado músico Vinicio Adames.

Mi amor hacia la Universidad Central de Venezuela ( UCV ) se dio a primera vista. Estaba estudiando el último año de Bachillerato -en otros países llamado preparatoria- y a alguien se le ocurrió ir a la UCV porque había mucha gente y se nos iba a facilitar la labor de recoger fondos, ya ni recuerdo para que fundación. ¿A la Universidad? -dije yo… ¡No la conozco!

No sospecharía que en esos edificios, plagados de arte cinético, mucho colorido y arte, se quedaría prendada mi alma desde allí y para siempre. En ese momento decidí que fuese mi alma mater. Y así ocurrió.

Meses después al comenzar mis clases como universitaria, paseaba feliz en el campus cuando me topé con una enorme placa colocada en el exterior de las paredes del Aula Magna. Con unas muy hermosas palabras hace homenaje póstumo a los coristas u Orfeonistas como ellos se hacen llamar, que desaparecieron físicamente en tan lamentable evento del destino. Me erizé de inmediato y quise leer sobre lo que sucedió. No recuerdo sí al final lo hice, pero cuando a los Ucevistas se nos habla de “La tragedia de las Azores”, sabemos de qué se trata.

Mucho tendría que decir acerca de los muchos conciertos de ese estilo a los que he ido, primero como estudiante y fan lover y ahora como orgullosa egresada,  pero para resumir, aunque en esencia clásicos -pues el repertorio que interpretan es del mismo estilo de aquella primera aparición, muy lleno de Madrigales, y de dificultad técnica considerable- siempre conmueven y nos hacen pensar en la fortaleza que ganan las Instituciones cuando por decisión unánime y colectiva deciden no morir.

Raúl Delgado Estévez fué el Director encargado de re-formar el coro y lo hizo en tan sólo 6 meses. Y aunque hacía casi dos décadas le había entregado la batuta a su entrañable compañero César Alejandro Carrillo de Director Titular, fué invitado esta vez y volvió a hacer historia, como hace 35 años.

¿Qué habría pasado sí se dan por vencidos? ¿Qué hubiese sido del ámbito cultural venezolano sí nunca más superan el luto que los embargaba y allí quedaba todo?

En verdad sería muy difícil sí quiera imaginario, pero que bueno que cumplieron al pie de la letra esos versos del Himno Universitario: “Empujad hacia el alma la vida / en mensaje del marcha triunfal”

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