La fecha de vencimiento


A Mariangela Manganese, por su comentario agudo y oportuno
 
 
El cantautor Juan Esteban Aristazábal, y que en el planeta  conocemos como Juanes , dice en una de sus canciones que la vida es un ratico. Y además de  eso, se ajusta a lo que cada quien crea, se merezca y piense debe ser. O, dicho de otra forma, cada quien hace de su vida un saco y se mete en el.
 

En efecto, y sin caer en particularidades, independientemente de cómo la llevemos, pienso que hay muchísimas cosas que nos pasan a diario y casi tan densas que se nos hace complicado digerir.

Entonces, hablamos con los cercanos, parejas, hermanos, padres, amigos y compinches. Otros son mas sofisticados y van a sesiones con psicoterapeutas. Si las cosas no son tan “gruesas” leemos algún libro de autoayuda recomendado o las mujeres vamos a la peluquería a hacernos el “cariñito” correspondiente.

Algunos valientes en verdad nos ponemos a hacer cursos, talleres vivenciales, entrenamientos o empoderamientos de diferentes estilos o corrientes, buscando el modo de sobrellevar mejor nuestras vidas y enriquecernos de las experiencias de otros.
Digo que es valentía, porque para aprovechar tal inversión a cabalidad hay que desgarrarse y exponerse un poco; decir, a veces delante de mucha gente, yo quiero ser feliz pero hasta ahora, nada que lo logro. O, “señores en verdad mi vida ha sido una bendición, pero ahorita, esto me está matando”. Para eso hay que estar bien plantado.
Y volviendo al principio, una de las definiciones que más me gusta de la vida es que es un vaivén. O simplemente, como la ve la filosofía zen una corriente, un río… Un tránsito. Lo esencial de eso, es darse por enterado de que nada permanece, de que lo que es ya, dentro de un segundo, siemplemente pasó… Y mañana ya no se parece a hoy… El ayer quedó atrás.
Y por eso, y porque la leche, el yogurt , los jugos de la nevera y los alimentos de nuestra despensa se vencen… Eso que pudo ser útil y esclarecedor en un momento, ya no lo es hoy. Por lo tanto, venció, caducó, no nos es útil o ya lo vemos tan lejano que deja de surtir efecto y de nuevo caímos en esa depresión asfixiante, explotamos de ira sin sentido, vuelve el desamor a ser protagonista o nos sobreviene una oscuridad de no saber para donde agarrar.
¿Ya se acabó la fiesta? ¿Se nos volvió a escapar la felicidad justo cuando la teníamos al ras de los dedos? Es una posibilidad y es válido sentirlo. Pero también puede ser que antes y ahora estamos ahogados en esos dos dedos de agua que aunque nos parezca el Mar Caribe no es nada que no podamos sobrellevar. Si la vida es un ratico -y por favor, escríbalo que es asi- esto también pasará.
 
Entonces, ni las experiencias, ni las herramientas, ni mucho menos las almas tienen caducidad. Simplemente pasaron porque ese era su rol en nuestra vida: Es lo constante… El cambio. Mas bien depende de nosotros decidir si es útil o no o que hacer con ellos. Intentaríamos volver, pero jamás seremos exactamente igual.
 

Ya sabes… Depende de ti. It’s time to change!

 

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